El politecnico de Bani se Desvanece

El politécnico de Baní


se desvanece

El gobierno cubano donó integramente el politécnico en homenaje a Máximo Gómez, pese a las precariedades que sufre el pueblo cubano. Las autoridades dominicanas, en tanto, han sido incapaces de darle el debido mantenimiento a esta obra solidaria. 


Por Ángel Barriuso

El politécnico Máximo Gómez parecía un sueño pintado en el Sur hasta que hace ocho meses dejó de recibir una asignación mensual de 225 mil pesos, y desde entonces se percibe allí una sensación de paciencia oriental, de darle tiempo al tiempo.

El 18 de febrero de 1999, los cubanos lograron inaugurar el politécnico, en cumplimiento a una promesa hecha al legendario Máximo Gómez, el generalísimo, quien figura en la historia de Cuba como un patriota, compartiendo la gloria con el apóstol José Martí.
Próximo a su muerte, Máximo Gómez pidió un único deseo: que en la casa en la cual nació en Baní se levantara una escuela. Y los cubanos trataron por distintas vías cumplirle a Máximo Gómez, incluso durante la dictadura de Batista.

Fidel Castro pudo lograrlo en el gobierno de Leonel Fernández. Los dominicanos aportaron el terreno y los cubanos financiaron con 50 millones de pesos el edificio y la instalación de los equipos. El Politécnico fue equipado y, previo a su entrega, su entrenó al personal.
Este centro de estudio tiene una planta de emergencia y tres transformadores, también dejados por los cubanos. Pero debido a la falta de dinero y a los constantes apagones, la planta de emergencia enciende cuando se recibe un donativo de gasoil, y consume cuatro galones/horas. Hay una avería en los transformadores, y en vez de 220, sólo se dispone de 110 voltios, insuficientes para que el Politécnico pueda trabajar a plena capacidad.

Reparar el sistema eléctrico del Politécnico cuesta alrededor de 70 mil pesos.

La subvención de 225 mil pesos mensualmente sirve al Politécnico para el mantenimiento de los estudiantes internos y para el desarrollo de las prácticas docentes que consisten en el funcionamiento de una minifábrica de embutidos, de lácteos y una procesadora de frutas.

El área administrativa y el profesorado figura en la nómina estatal, vía la Secretaría de Educación, y hasta el momento no se ha fallado. Sin embargo, el profesor Carlos Ramón Mckinney, asesor técnico del politécnico Máximo Gómez, y Bartolo José Soto, director general, han hablado en varias ocasiones con la vicepresidenta de la República, encargada de la Secretaría de Educación, y dos veces con el presidente Hipólito Mejía.

De las conversaciones con el presidente Mejía o con la vicepresidenta Ortiz Bosch, siempre se han ido con las manos vacías, aunque regresan a Baní cargados de promesas y convencidos de que ahora sí habrá solución.

El edificio que aloja al politécnico Máximo Gómez fue levantado sobre el 50 por ciento de 75 tareas de tierras donadas por el Estado dominicano. En el edificio central están las aulas, un salón de conferencias, el área para internados, el salón de Informática, la administración, área de Psicología. En la parte trasera, la cafetería y el comedor.

Detrás del edificio central fueron levantados el taller para las clases de procesamiento cárnico, el área para lácteos y un tercero para el procesamiento de frutas. Son tres pequeñitas naves, de práctica integrada, en las cuales el estudiante recibe docencia cómodamente y equipado.

El politécnico Máximo Gómez tiene 290 estudiantes, de los cuales 74 son internos, supervisados por Luis Melo, quien desarrolla su labor sobre la base de un perfil del internado y en atención a un régimen disciplinario.

El estudiante entra con la rutina de los liceos públicos, pero recibe la sorpresa de que “Hay que fajarse, día y de noche”. Es Luis Melo quien lo dice, y agrega que en poco tiempo cada estudiante interno va organizándose y asumiendo sus responsabilidades, y olvidándose de que hay poco tiempo para escape nocturno.

Hay 19 profesores, licenciados unos, ingenieros otros. “Y durante el período de inscripción, anota el señor Mckinney, “somos rigurosos, exigimos alto índice académico”.

El Politécnico recibe solicitud de todo el sur, del este, de Santiago y de la capital. El 19 de diciembre será la tercera graduación de técnicos, y todos los graduados, hasta ahora, han conseguido empleo. Otros han obtenido becas fuera del país para continuar sus estudios.

Pero los 225 mil pesos mensualmente no llegan. El taller para procesar carne y convertir la carne en embutidos de alta calidad, está paralizado, y sólo cuando reciben un donativo o los mismos estudiantes compran la materia prima, hay prácticas.

Igual ocurre con el taller de lácteos y la procesadora de frutas. El año pasado elaboraron yogourt, mermeladas, compotas, quesos, jamón, salchichón, salchichas para hamburger. Nada de eso es posible. Planes siempre hay, y “cuando tengamos recursos –dice el señor Mckinney- esperamos producir de todo cuanto podamos para autosostenernos.”
Este es un politécnico, y además de graduar técnicos en lácteos, en cárnicos y en procesamiento de frutas, prepara bachilleres en contabilidad, informática y en gestión administrativa.

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