El Generalicimo de America

Máximo Gomez El LibertadorTomás Báez Díaz

SU VALOR:

Su bautismo de fuego, la demostración formal de su valor tiene efecto a la tierna edad de los dieciséis años, cuando en la batalla de Santomé, en el más sangriento y heroico campo de batalla de la gloriosa guerra de la Independencia nacional, participa en el Cuerpo de Caballería de Baní y es ascendido a Alférez, frente a los humeantes pajones, que como inmensos sacrificios, anunciaron al mundo, nuestro derecho a ser libres e independientes.

En la manigua cubana, en esa cruenta y larga guerra, su valor y su arrojo fue decisivo para imprimirle organización a los bisoños soldados cubanos, quienes no conocían ni la táctica ni el uso del machete en los ataques cuerpo a cuerpo. En este aspecto de la guerra existen interesantes testimonios, que conoceremos en el Capítulo dedicado al “Guerrero”.

Para imponerse ante sus soldados, este “desconocido ex­tranjero” tuvo la necesidad de someterse a diversas pruebas y actos algunos de ellos nos recuerdan los pugilatos del pue­blo natal.

En una época de indisciplina, al asumir el mando en una región, encontró a un temerario Coronel con aspecto de pira­ta, pantalón a la rodilla, pañuelo al cuello que recibe a su Jefe con mesa puesta, en que el asombrado Gómez nota mantel blanco, loza, cristal, cubiertos de plata y vino añejó” (53). En escandaloso contraste con la vida sencilla y la austeridad de su propio campamento. Pero este Coronel era famoso por su valor, era un hombre fiera y lo “conquista con una valentía intencionalmente brutal. Le ordena tomar una trinchera entregándole tres cartuchos a cada soldado. El Coronel se niega. Con tres tiros por hombre no se lleva a nadie al mata­dero! Gómez se limita a quitar un tiro a cada soldado y deján­dolos con dos, ataca y toma la posición”

Su rectitud era estudiada. Admiraba y mimaba, a sus soldados. “Les pide valor y obediencia, no les pide más, por­que él pensará por ellos. Pero si alguna vez incurre en falta y no se le advierte, no se enoja, sabe que todo lo excusa el soldado, menos la arbitrariedad, que es el desdén de su vida y de su honra”

En el asalto de la Socapa, ordena al Capitán Collazo, en medio de una noche tenebrosa, que defienda el paso con la artillería. El Capitán que conoce bien su único cañón… .pide con toda seriedad, un maso de velas. Y ante el asombro de Gómez, aclara sencillamente, para buscar el cañón después del primer disparo, pues este bicho corcovea mucho y va a parar siete ú ocho varas para atrás. El General Gómez. . Se echa a reír. Está bien, le dice. No haga uso de la artillería”
Parecería que deseaba ofrecer la imagen de que nadie de­bía ser ni más estricto, ni valiente que él y este sentido a veces parecía un poco ingenuo, acción que era celebrada alegremen­te por sus soldados.

Souza -afirma- que “era siempre gran atenuante ante el General la valentía, excepto cuando del crimen se trataba”. Parece que mantuvo permanentemente el recuerdo de Flo­rentino y debió tenerlo muy presente cuando dirigió los fusi­lamientos del Brigadier Bermúdez y del Coronel Bejarano.

Verdaderos ejemplos de su culto a la valentía los ofreció siempre. “Cuando marchó para la invasión dejó en la zona de Sancti Spiritus, como Jefe de una guerrilla, a uno de los Cer­vantes. A su vuelta de occidente, recibió malos informes sobre éste mambí y al encontrarse con él, lo mandó a desarmar y le quitó el mando de su fuerza, diciéndole a voces delante de todos:

Eso se lo hago por cobarde!

Yo no soy cobarde, General!

Vamos a ver -le dije al General- Usted es capaz de venir conmigo y pararse donde yo me paro a tirarle a la columna?

Yo me paro diez pasos más pa alante que usted, le gritó el guajiro.

El viejo muy complacido volvió a su escolta y exclamó:

Ay ¡ Este hombre es guapo. No hay duda. Que le den su fuerza y sus armas.

“Su frío valor, su indiferencia ante el fuego, su audacia, su serena compostura, frente a los varios incidentes de la dilatada campaña, fueron proverbiales en el campo mambí”

“Dijo elocuente, en una ocasión de su valor, personaje de tanta nota como el joven y valeroso General Enrique Loinaz del Castillo, muchas veces testigo de ese valor: “sus cabellos más blancos que el humo de los fusiles, a vanguardia siempre, nos señalaba en el combate el camino del honor”
Este testimonio explica la circunstancia de que el General Gómez fuera herido en varias ocasiones, que le mataran en una sola campaña cinco caballos y las balas le atravesaran las ropas, el sombrero y los gemelos.

La conservación de su preciosa vida hasta el final, puede considerarse providencial: “En la batalla de Palo Seco, de ochocientos hombres, quinientos siete quedaron tendidos en la lúgubre sabana”

SU HONRADEZ:

El ilustre guerrero, durante la Guerra de los Diez Años, manejó los fondos a él confiados como General en Jefe de la Revolución y lo hizo con la más acrisolada pulcritud, pero la más elocuente expresión, el más alto exponente de su honradez, lo mostró cuando habiéndose negado a aceptar con orgu­llo y justo decoro todo el oro que el Mayor General, Gober­nador de Cuba, Arsenio Martínez Campos le ofreciera, al negarse aceptarlo, éste le dijo: Pero, cómo usted va a regresar a su país con esa ropa miserable?

Máximo Gómez, mirando a aquel hombre resplandeciente, adornado con el toisón de oro de Teniente General del ejér­cito español, rehúsa nuevamente y le dice: General, no cam­bio yo por dinero estos andrajos, que constituyen mi riqueza y son mi orgullo, soy un cado, pero sé respetar el puesto que ocupé en la Revolución”.

Martínez Campos le estrecha la mano cordialmente y al despedirse le dice:

Ya que usted no quiere aceptar nada de nosotros, déjeme ésto, de lo poco que tiene, para conservarlo de recuerdo, y tomó un pañuelo que Máximo Gómez usó un momento,

El General Gómez le dijo:

Con gusto se lo doy, y, no obstante ser tan poco, es mu­cho, porque no tengo otro…

Por las mejillas del General Casola, Ayudante del General Martínez Campos, corren las lágrimas..

Cuando se desencadenan los acontecimientos que origina­ron el Convenio del Zanjón y la insubordinación de los villareños decide desconocerlo, “único lazo que los ataba a la disciplina y el común esfuerzo, entrega el mando a Carlos Roloff y la suma de $14,OOO.OO de la División, a Serafín Sánchez y abandona Las Villas.

Se despide de sus Asistentes. Eduá, sollozando, pide su libertad. “General, yo quisiera irme, pero no sé de mi mujer y de mis hijos”. Gómez le concede la libertad de irse y le dice “Eduá, la mujer y los hijos no pueden abandonarse, sino por la patria, quédate, que ese es tu deber ahora”. Tacón, desea buscar su compañera, echada por la guerra. Dios sabe dónde. Simón y Polo, que no tienen donde caerse muertos, le acompañarán. Estos compartirán su miseria, a los otros nada puede dejárle, porque no tiene nada. Y se consuela: diciendo: “siquiera he ayudado un poco a romper sus cadenas”…­

Fue tan pulcro y decoroso en todas las actuaciones de su vida, que cuando se trató de completar las pagas del Ejérci­to Libertador, reimplantando la Lotería, se opuso en firme:

“no sería muy decoroso para el Ejército, que tan heroicamente combatió en defensa de la patria, que se recurriese al garito para pagarle deuda tan justa”

SU ILUSTRACION:

Los historiadores y biógrafos que se hayan detenido a examinar la gran cantidad de obras que se han escrito en Cuba y las pocas en nuestro país, sobre la vida y las ejecutorias de Máximo Gómez, seguramente que uno de los aspectos que le han debido extrañar más ha sido, el misterioso y recóndito vacío que se comprueba cuando tratamos de conocer las fuentes donde obtuvo su ilustración, pues sabemos por su confesión, que su único Maestro lo fue su padrino el Padre Andrés Rosón, quien según el Generalísimo dijera: “Era un hombre que aunque bastante instruido, tenía ideas atrasadas, como lo ha sido siempre la gente de sotana y mi educación primaria, única que pude alcanzar, fue puramente religiosa”

Sin embargo, después de ese período de su juventud, es evidente que debió hacer otros estudios y que se dedicara a leer obras de algunos clásicos, así como de escritores moder­nos europeos y latinoamericanos, ya que abundan en su “Dia­rio de Campaña”, correspondencias y escritos, diversas citas que intrigan a los investigadores, tales como manifestaciones relacionadas con hechos y acontecimientos de la historia de Grecia y de Roma, o referencias a pasajes de las Tradiciones Peruanas de Ricardo Palma.

La revelación de estos conocimientos le llamaron la aten­ción a sus Ayudantes quienes lo hicieron constar: El Coronel Orestes Ferrara manifestó al respecto: Un día, al toque de silencio, me retiré reflexionando sobre algo serio: pensaba en el inesperado conocimiento revelado por el General Gómez sobre la batalla de Navarrino y la política de las potencias. Me pareció muy extraño que tuviera tales conocimientos. Pero luego en el curso de los años pude apreciar, que los hombres de esa época, aún no teniendo una gran cultura habían adqui­rido nociones peculiares relacionadas con su existencia, dedicadas a un ideal de libertad. El General sabía cosas inte­resantes sobre las luchas de Polonia y de Hungría; sobre Garibaldi y las conspiraciones italianas” .

Al gran guerrero le correspondió el privilegio de haber si­do el único Libertador de un país americano, que con asom­brosa minuciosidad, redactó en los campos de batalla, un Dia­rio de Campaña y el único también que nos ofrece con senci­llo y elocuente estilo, conocimientos de historia, literatura y otras materias.

El hecho de que sus Ayudantes, Generales y admiradores dominicanos y cubanos reconocieran tempranamente el hombre extraordinario que fue Máximo Gómez, contribuyó a que se lograra conservar celosamente su correspondencia. Proclamas y todos sus escritos, que forman un volumen que sobrepasa los 100.000, folios, guardados en el Archivo Na­cional de Cuba.

El historiador Benigno Souza, afirma, que “Máximo Gó­mez, tan grande como soldado, fue un escritor de cuerpo entero. En su correspondencia, en esa forma de literatura, la epistolar, en artículos sueltos, se revela pintoresco y preciso como tal escritor”.

Estos juicios son válidos no obstante (en su despreocupa­ción, pues él mismo se calificó con “un estilo inculto y desa­liñado”, confirmándolo luego cuando expresó “Yo, que le doy poca importancia a los papeles, le dije a Martí: lea”.

Este descuido no fue obstáculo para que escribiera las páginas más bellas y sentidas: “Nadie podrá escribir una carta de pésame como la dirigida por él a María Cabrales; una Orden del Día más tierna que la dictada cuando la muerte de Maceo. Una arenga más heroica y marcial que la del pueblo de Lázaro López. Escoge con tal precisión la palabra, elige con tal oportunidad el epíteto, encierra con tan poderosa contracción, en una sola imagen tantas cosas que algunas de estas constituyen a veces, un capítulo de nuestra historia. En ocasiones encierra, compendia el tratado completo de la es­trategia, la cristaliza, le extrae su quinta esencia y la estampa en su grandílocua alegoría”. Quizás se piense que el historia­dor Souza exagera. Pero el mismo apóstol Martí había dicho:

Yo, no soy tan elocuente como usted”.

Contrariamente a Napoleón, que en el destierro le dictaba sus Memorias al Conde las Cases, quien luego tenía oportuni­dad de corregirla, Máximo Gómez escribía su Diario todas las noches, sentado en una hamaca, a la luz de una vela, con la monótona música de los disparos de los centinelas de las columnas apostados en los alrededores, tarea que realizaba en muchas ocasiones, calada su ropa por el agua de los torren­ciales aguaceros, que caía a través del toldo que no lograba cubrir totalmente la hamaca que también le servía de cama.

Esta sorprendente producción literaria nos obliga a preguntarnos:

Dónde tuvo oportunidad de tener acceso a una bibliote­ca. ¿Dónde adquirió la cultura que desde los primeros mo­mentos de su llegada a Cuba dio tímidas demostraciones de poseer e indudablemente luego amplió?

¿Será el más caracterizado exponente del banilejo auto­didacta que se lanza a los caminos de la vida en pos de la realización de un ideal?

Es necesario especular que la cultura de la cual dio demostraciones en los primeros tiempos, debió adquirirla en Baní. Allí fue compañero de su primo el novelista, escritor y luego estadista Francisco Gregorio Billini, así como amigo del ilustre educador doctor Federico Henríquez y Carvajal, quienes debieron contribuir de algún modo a que se interesa­ra en la lectura.

¿Pudo influir el medio donde discurrió su juventud

Quizás para la sorpresa de algunas personas, hemos comprobado varios testimonios irrebatibles, los cuales ponen en evidencia el hecho de que desde lejana época, la sociedad bani­leja dio muestras de superación. Al efecto, el periodista e historiador Joaquín S. Incháustegui, al referirse en su obra Reseña Histórica de Baní, a las actividades culturales de la sociedad banileja, cuando ya Máximo Gómez era un joven, afirma, que “poseía para aquellos tiempos, lo que pudiéra­mos decir un cenáculo literario. Continuamente cambiaban impresiones don Francisco Gregorio Billini, Marcos A. Cabral, Melchor Cabral, José María Cabral y Báez”. A este grupo se incorporaron luego Fabio F. Herrera, Marino Miniño, José María Pérez Andujar. “Y otros tantos que señalaron y señalan de un modo inequívoco, orientaciones plausibles para nuestro Baní” (35)

En el año 1854, tres banilejos que se habían radicado en la ciudad de Santo Domingo, fundan allí el periódico “El Oasis”, órgano de la sociedad “Amantes de las Letras”. Estos intelectuales banilejos fueron Manuel de Js. Heredia, Apolinar de Castro y Manuel María Santamaría” (36)

Dice Incháustegui, que “poco después del abandono de nuestro territorio por los españoles, se formó en Baní una Compañía de aficionados al teatro a iniciativa de Francisco Gregorio Billini, Melchor Cabral y Francisco Herrera y daban sus funciones en el “‘Barracón”. Figuraban en esas repre­setaciones, don Julio Herrera, Pedro Landestoy, Hipólito Billini, Manuel María Saldaña y Arístides Victoria. Agrega -el escritor- que “el bello telón de boca, fue obra del pintor Luis Pérez, y representaba a la República y echado un enorme león que simbolizaba a España. El pintor creó su obra, en la gallarda figura de la señorita Guadalupe Billini, su musa, cu­yos rasgos pintó con acierto en el rostro de la joven república”. (37)

Estas manifestaciones que caracterizan un verdadero am­biente intelectual de la sociedad de Baní, en aquella época en que Máximo Gómez era un joven influyente en los salones, según lo afirmara el maestro Henríquez y Carvajal, prueba que él participaba también en el cenáculo literario existente, lo que explica su preparación intelectual y la ilustración de que dio muestras.

Igualmente debió estar integrado a otras actividades que en aquella época eran exponentes de un verdadero deseo de aquella comunidad, de interesarse por todas las inquietu­des del espíritu, pues Máximo Gómez debió iniciarse como francmasón, ya que en una fecha anterior a la anexión, “Baní contaba con una bien instalada logia masónica, la que llevó por nombre “La Caridad”, contándose entre los prime­ros y más entusiastas: Félix Suazo, Adolfo González, José del Carmen Ortiz, Javier Paulino, Uladislao Guerrero, Barto­lomé Maggiolo, ayudados por otras personas importantes” (38)

Después de esta época y consumada la anexión, Máximo Gómez es designado Secretario de la Comandancia de Armas de San José de Ocoa, permaneciendo alrededor de dos años al lado de su Jefe, el Comandante Francisco Xavier Heredia, quien debió poseer una biblioteca, a juzgar por su cultura y por la excepcional educación de sus hijos, quienes asombra-ron por su genialidad, tanto en Cuba como en España, donde merecieron especial atención de la reina Isabel II y de su Corte.

En el año 1857 el nombre de Máximo Gómez figura en un documento redactado en San Cristóbal, en el cual también firman los banilejos, sus compañeros en la guerra de Cuba General Modesto Díaz, Francisco X. Heredia, e Ignacio Díaz Valera adhiriéndose el movimiento iniciado en Santiago por José Desiderio Valverde. (39)

Para confirmar los fundamentos de estas conjeturas sobre su vocación para la literatura y su interés en la lectura, ofre­cemos como una primicia, el hallazgo que hiciera el historia­dor e investigador licenciado César Herrera, quien entre vie­jas colecciones encontró un precioso dato: En el año 1858 el periódico “El Dominicano contaba dos suscriptores en Baní y uno de ellos era el joven Máximo Gómez y Báez (40). Esa preocupación por la lectura, luego la transmitió el guerre­ro a su familia, pues cuando acompañado del apóstol, emprende la invasión desde Monte Cristi, le escribió a su esposa y en párrafo de la carta le dijo: “les he dado la espalda al hogar querido. Sacrificio semejante ni siquiera yo lo puedo comen­tar. Les he dejado libros y ustedes saben leer” que les ense­ñan como se cultiva todo y como se hacen las cosas de la tierra. Después de cerrada la carta, la abre y agrega, con gra­ciosa filosofía: “A Panchito y Máximo que adquieran un velocípedo, porque mientras más y más rápido se mueve el hombre, será más hombre” (41).

Esa ternura, esa sencillez que mostraba a los hijos o el consuelo a las viudas, se trocaba en rayo fulminante en los campos de batalla.

Veamos ejemplos:

“A las siete de la mañana, ante la tropa formada, se halla Máximo Gómez. Si conoce el arte de la guerra, el arte de mandar, una experiencia que se dilata con una vida inagota­ble…. Sabe que la música y la palabra llevan a los hombres a morir con más conformidad. A él lo arrastró la guerra, en una juventud tan lejana que parece otra vida. . Luego la palabra del apóstol vertió en su esperanza una esperanza nueva. Toda la víspera se han oído en el campamento los acordes de LA
BAYAMESA”…

“Los soldados tenían la tercerola en la mano con la culata apoyada en el muslo derecho; los oficiales y Jefes el machete desenvainado.

El Generalísimo “estaba a caballo, erguido sobre las pier­nas, “con los ojos vivos y pequeños recorría la fila de los hombres allí agrupados. Todo le daba un aspecto de energía y superioridad…

Ese día iniciaría una de las acciones bélicas más impor­tante y pronunciaría una de las Proclamas más elocuente y bella de su esplendorosa carrera militar, la cual termina así:

“Pronostico que habrá de cumplirse al llegar los invasores a las puertas de La Habana, con la bandera victoriosa, entre el humo rojizo del incendio y el estrépito de la fusilería. Solda­dos: llegaremos hasta los últimos confines hasta donde haya tierra española”.

Si el héroe tenía la facultad de escribir Proclamas con una prosa impecable como ésta, también improvisaba con elevado e impresionante estilo. Existen al respecto diversos ejemplos

y hemos seleccionado uno que corresponde a un caso trascen­dental, veamos:

La guerra parecía que finalizaba y le había sido denuncia­do al Generalísimo, la realización de crímenes y hechos bo­chornosos que ensombrecían la ansiada libertad. Uno de los militares que mayores crímenes había cometido era el Briga­dier Roberto Bermúdez, a quien llamaban el Weyler cubano y al enterarse Gómez del crimen más atroz, ordenó su prisión para que un Consejo de Guerra conociera su caso, pero al observarse que en el campamento no había suficientes Oficia­les para el primer juicio, así como para el de revisión al cual recurriría Bermúdez, se le advierte que sería útil reunir los Jefes de graduación específica, que exigen los dos Consejos de guerra.

“Hombre, esta advertencia es buena. Voy a darle a este proceso una gran importancia. Voy hacer una concentración.

-Agrega Ferrara- que el “General ordenó en seguida que los Generales Carrillo, José Miguel Gómez, González, Castillo. Y no recuerdo si el General Bravo, estuvieran siempre en contacto con él, listos a marchar hacia el Cuartel General….”

El Brigadier Bermúdez fue condenado a muerte. Alguien comentó que había sido un valiente y el General Gómez re­plicó, pero fue un asesino y un ladrón.

¿Pensaría en Pedro Florentino?

“Luego se presentó una novedad. Bermúdez parecía enfermo. El Coronel Ferrara que pensaba que Gómez deseaba salvarle la vida, comentó: pues si usted lo cree podemos sus­pender la ejecución”

“No le he preguntado a usted, si yo lo creo útil. Cuando creo útil una cosa, lo hago sin consultar. Le pregunté ¿qué dice la ley?

“Después de un poco de indecisión, contesté al General.

No hay ley sobre esta materia, pero hay costumbre…

Bermúdez había simulado una enfermedad, pero surgió una nueva demora: ¿Quién mandará el cuadro? Debe ser un General, porque hay que degradar al condenado antes de fusi­larlo, y sólo un General puede degradar a otro. Los Genera­les presentes no querían prestarse al acto, justificando y con razón, que habían sido todos jueces”

Mandaré yo el cuadro. ¡Cuánta flojera!

¡ Fue un espectáculo sobrecogedor, frente a mil doscien­tos hombres! cuando se hizo silencio, Gómez levantó en alto su cuerpo sobre los estribos y enhiesto su machetín flameante, con voz estentórea, pronunció el siguiente discurso; improvisado:

“Jefes, oficiales, soldados; venimos a cumplir esta mañana un doloroso deber, el más doloroso deber de un militar. Ve­nimos a ejecutar a un compañero de armas, que ha sufrido nuestros dolores y amarguras y ha corrido peligros. Pero veni­mos al mismo tiempo, a cumplir con el mandato de la ley y con los dictados de la civilización”

“El General Bermúdez era un humilde ciudadano cuando la voz de la Patria lo llamó a los campos de Cuba libre. Hom­bre de decisión y arrojo, se distinguió muy pronto como gue­rrero. Luchador infatigable recorrió los campos del honor desde Las Villas hasta Pinar del Río, distinguiéndose por su valor. Si, valiente entre los valientes, fue herido muchas veces te­niendo escritas en las heridas de su cuerpo la epopeya cubana!

“La patria lo premió como debe premiar siempre a sus hijos que se dan a ella. El humilde campesino, soldado en los primeros tiempos, fue ascendido grado a grado, hasta llegar a la posición de General que lo hizo conductor de hombres y le dio un mando que, en nuestra guerra es ilimitado.

“El General Bermúdez llegado a tanta altura, no supo, sin embargo, comprender los deberes que la posición y el grado le imponían. Demostró con sus actos posteriores, que su valor no era sacrificio, sino sed de sangre; que los servicios que prestaba a la Patria no eran producto de una convicción honrada de buen hijo de esta tierra, sino de instintos crimi­nales que en esta nuestra hora trágica, se saciaban a plena sa­tisfacción. El General Bermúdez vio en la guerra sólo la parte mala, no la gran significación ideal que tiene. Y deshonró su persona y deshonró su alta posición. Un Consejo de Gue­rra le ha condenado a muerte, y en cumplimiento de la sen­tencia, yo le degrado.

Fuego ¡”

Ferrara emocionado terminó su narración’ “Este discurso hizo una profunda impresión general. La mía fue profundísi­ma. Le dije a mi compañero de la derecha, con la pedantería de los jóvenes que estudian humanidades: “Sobre la tierra de Esparta, no se hubieran pronunciado palabras más noble­mente severas y de un estilo más ático”

Según improvisó este discurso-proclama con toda la seve­ridad, altura y atildado estilo, así tuvo ternura, belleza y hondo sentimiento para expresar a María Cabrales su pésame por la muerte de su compañero de luchas, el “titán de acero”, Antonio Maceo:… “Nuestra antigua amistad, de suyo íntima y cordial, acaba de ser santificada por el vínculo doloros de una común desgracia. Apenas si encuentro palabras con que expresar a usted la amarga pena y la tristeza inmensa que embarga mi espíritu. El General Maceo ha muerto gloriosamente sobre los campos de batalla, el día 7 del mes anterior, en San Pedro, provincia de La Habana. . .A esta pena se me une, allá en el fondo del alma, la pena cruelísima también de mi Pancho, caído junto al cadáver del heroico guerrero y sepul­tado todo con él, en una misma fosa, como si la Providencia hubiera querido con este hecho conceder a mi desgracia el triste consuelo de ver unidos en la tumba a dos seres cuyos nom­bres vivieron eternamente unidos en el hondo de mi corazón”

“Usted que es mujer. Usted que puede -sin sonrojarse ni sonrojar a nadie- entregarse a los inefables desbordes del dolor, llore, llore, María por ambos, por usted y por mi, ya que a este viejo infeliz no le es dable el privilegio de desahogar sus tristezas íntimas desatándose en un reguero de llanto”

“El infortunio hace hermanos. Hágame el favor, María, de creer que fraterniza con usted en toda la amargura de su sole­dad y de su sufrimiento. Su Afmo. amigo. Máximo Gómez”

El entusiasmo y la emoción que produce la utilización de estas joyas literarias, incitan a continuar descubriendo el es­pléndido campo trillado por el Generalísimo, pero existen otras facetas que esperan nuestra atención y por esa razón cerramos hoy este aspecto, con dos juicios lapidarios, dejándolo abierto a los investigadores.

Uno de los juicios es el General Frey de Andrade, quien lo vio así:

“Audacia sería en los contemporáneos formar juicio com­pleto sobre Máximo Gómez. Pero es obligación de los que de cerca le tratamos, emitir nuestra opinión sobre él, para que en el futuro los cubanos, si es que no están llamados a desapare­cer como nación, puedan juzgar al hombre insigne, que ins­piró más respeto que cariño y más miedo que respeto. Quien calificara al General Gómez como hombre de talento y de cultura solamente, erraría el objetivo. Su poderosa inteligen­cia podía calificarse de genial.

La segunda evidencia la ofrece el mismo Generalísimo, y se relaciona con la perspicacia que hizo prever la consecuen­cia de la muerte del Primer Ministro español, Cánovas del Castillo. Cuando llegó la noticia, predijo en su correspondencia a Estrada Palma, la marcha de los sucesos producido por este incidente, en el porvenir de España.

El hombre que el historiador Souza llamara reiteradamen­te: “campesino banilejo”, predijo clarividentemente: “Cá­novas se lleva a la tumba grandes responsabilidades. . .y si no nos regocijamos sobre su ensangrentado cadáver, como lo hi­zo él con los caldos en Punta Brava, porque eso sería innoble, lo miramos si, con lástima y desprecio”

En cuanto Weyler, claro es que, fracasado en todo, como militar y como político. Odiado, combatido por propios y ex­traños, preparándose debe estar para marcharse…

Luego agregaría a la carta a Estrada Palma: “El Gobierno español… . como no querrá tratar con los que no han podido vencer, les quedará el recurso de los cañones yankees, que al fin serán los que les sacarán de apuros.. y si nada de esto sucede, veremos quien vence a quien.

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